domingo, 19 de abril de 2009

GUIA DE ESTUDIO N. 1 POLITEISMO Y LOS GRIEGOS



http://www.portalplanetasedna.com.ar/mitologia_griega1.htm ANTES DE COMENZAR ENTRA AQUI. "VISITA A LOS GRIEGOS" Sobre esta visita se evaluara.


INTRODUCCION
EI animismo

En primer lugar, se otorgó alma a los objetos y a las fuerzas de la natu­raleza, y así fueron naciendo las religiones animistas.
El animismo, en vez de creer en unas fuerzas naturales amorfas y difu­sas, cree en seres sobrenaturales o espíritus, que se materializan so­bre todo en los objetos animados.
Las religiones animistas admiten lo divino como fuente de vida y como ordenador del universo, pero impersonal. Lo divino se va concretando en distintas divinidades representadas en forma de ídolos, fetiches o tótems.
Tanto la naturaleza en general como cada uno de sus elementos, están animados, tienen vida, poseen un alma. La vida y la muerte son muy im­portantes dentro de los ciclos de la naturaleza. Se suceden de la mis­ma manera que el día reemplaza a la noche o que una estación sigue a la precedente.
De ahí que, entre los animistas, la muerte no tenga la consideración de separación definitiva, sino de un momento del proceso; y consecuente­mente sientan una especial veneración hacia los antepasados.
Estas primeras formas religiosas surgieron en los albores de la huma­nidad y ya desaparecieron. Perviven, sin embargo, formas similares en reducidos grupos de América, Oceanía, Asia y África.

El politeísmo
Posteriormente, las fuerzas de la naturaleza se fueron concretando e imaginaron que cada una de ellas era una divinidad con funciones dis­tintas y nombres diferentes. Así nacieron los politeísmos.
Hay que advertir que el politeísmo no exige adorar necesariamente a to­dos los dioses. Cada dios tiene su función y se le honra solamente cuando se necesita su ayuda o se le agradece algo.
Son muchos los ejemplos de la diversidad de dioses y de poderes. Bas­te señalar como ejemplo que en la mitología mesopotámica se venera­ba a dioses que protegían asuntos tan dispares como: el aire, el amor, las artes de escribir, las cañas, el cielo, el clima, la tierra, la fertilidad, los ríos y canales, la vegetación, la justicia, el nacimiento, etc.
Como resultado de ese proceso, surgió la individualización: cada una de esas fuerzas difusas puede ser representada por un dios.
A partir de ese momento, aparece, casi espontáneamente, una espe-cialización de las divinidades.
Los dioses y sus funciones
Cuando tenemos una enfermedad localizada, acudimos al médico es­pecialista en la dolencia que padecemos: oculista, dentista, cardiólo­go... Del mismo modo, el politeísmo exige un dios para cada tarea y circunstancia. Así, había dioses para cada clan, grupo, pueblo, oficio, casa, etc.; y eso exigía una variedad de ritos, de cultos y de lugares sa­grados.
Hace cuatro mil años se podían contabilizar en la India hasta varios mi­llones de dioses, según cuenta un antiguo relato religioso.
Hay que añadir que, en el politeísmo, el culto a un determinado dios po­día perder seguidores. Si los fieles creían que no satisfacía sus nece­sidades, lo sustituían sin más por el culto a otro que consideraban más efectivo.
Ello se debía a que la relación con los dioses se reducía a una especie de intercambio: te doy para que me des (al dios benefactor); o te doy pa­ra que te alejes (al dios maligno o infernal).

Los nombres de los dioses
Asombrado ante los fenómenos de la naturaleza, quizá en un primer mo­mento el hombre se refería a ellos tratando de imitarlos con sonidos; pero probablemente con el paso del tiempo los quiso concretar un po­co más y los imaginó como seres extramundanos.
El paso siguiente sería otorgarles un nombre para identificar a cada uno de ellos y diferenciarlos de los demás. Esto es lo que sucedió con el true­no, el agua, el viento, el rayo, el fuego, etc. A partir de ese momento, ya I habían surgido los dioses -el politeísmo- en la vida de los Para realizar esa función, estaban los dos dioses de inferior categoría. Con el fin de lograr un equilibrio entre ellos, se les atribuían tareas com­plementarias, contrapuestas pero necesarias. Ejemplos de estas tría­das son: Brahma con Visnú y Shiva, en la India; Júpiter, con Juno y Mi­nerva, en Roma, etc.
Ya en la más remota Antigüedad se adoró a la tríada formada por el Sol con la Tierra y la Luna.

Los dioses de la casa y de la ciudad
Entre todos esos dioses es preciso señalar esta distinción importante: la multiplicidad de los dioses del politeísmo permitía separar, por un la­do, a los dioses de la ciudad y del Estado; y por otra, a los dioses de la casa y de la naturaleza.
Había dioses encargados de la protección de la casa y de todo lo que a ella se refería: economía, alimento, salud, nacimientos, defunciones, cuidado, seguridad, etc.
Estos dioses menores requerían sus ritos y ofrendas para tenerlos a su favor. El padre de familia era el que solía ejercer como sacerdote natu­ral de la casa.
Un ejemplo de ello, entre otros muchos, era el de los dioses domésticos de griegos y romanos.

Los dioses especializados
Entre las individualizaciones de los dioses que nos ofrece el politeísmo, parece que se da en todas las culturas una repetición de los principa­les dioses. Ello se debe a que las necesidades generales de los hom­bres suelen ser las mismas en todas las latitudes.
De hecho, en casi todas las culturas encontramos algo semejante a un clan de los llamados dioses mayores. Una prueba de ello es que, cuan­do una cultura decaía y su puesto era ocupado por otra, los dioses de la nueva asumían las funciones de los de la anterior. Simplemente, cambiaban los nombres y los ritos y cultos que se les dedicaban.
Generalmente, había siempre un dios de la guerra y otro del amor; un dios de la agricultura y otro dedicado a la ganadería; un dios protector de los mares y navegantes; otro al que se dirigían los comerciantes; etc.
Muy por debajo de estos dioses, estaban los llamados dioses menores.
Y para cerrar el conjunto de divinidades conviene citar también a otros seres extraordinarios. Se trata de animales extraños, producto de la fantasía, como, por ejemplo, la esfinge de la mitología griega. Era un monstruo con cabeza y pechos de mujer, cuerpo de león y alas de ave; con ella se quería representar a la sabiduría.
Y, cómo no, también inofensivos animales protectores de los desvalidos y menesterosos que andaban por los caminos.
En el cuadro podemos ver cómo los principales dioses romanos, con diferentes nombres, asumen las funciones de sus predecesores griegos.

ACTIVIDAD A TRABAJAR SE DIJO : BUSCA Y SEÑALA EN EUN CUADRO COMPARATIVO CUAL ES EL dIOS GRIEGO Y ROMANO Y SU FUNCION

Zeus

Júpiter

Dios padre

Apolo

Febo

Dios del Sol

Artemisa

Diana

Diosa de la Luna

Asclepios

Esculapio

Dios de la medicina

pionisos

Baco

Dios de la vendimia

Hades

Plutón

Dios de los infiernos

Hefestos

Vulcano

Dios del fuego

Mermes

Mercurio

Dios de la elocuencia y comercio

Moiras

Parcas

Diosas que rigen el destino

Perséfone

Proserpina

Diosa de los infiernos

Poseidón •

Neptuno

Dios de los mares

Ares

Marte

Dios de la guerra

Erinias

Furias

Diosas de la venganza

Afrodita

Venus

Diosa del amor


Actividades: RESPONDA ESTAS PREGUNTAS SEGÚN LA ANTERIOR GUIA N.1
1. ¿Tiene algo que ver la jerarquía de los dioses con la sociedad a la que perte­necen?
2. ¿Cuál era la organización jerárquica más común en las sociedades poli­teístas?
3. ¿A quién correspondía en la tríada la misión de relacionarse con los morta­les?
4. ¿Quién ejercía la autoridad religiosa en una casa?
5. Identifica el nombre que, según fuesen griegos o romanos, adquirían los dio­ses de la guerra, del amor, del fuego, de los mares, de los comerciantes y de la medicina.
Describe cómo era la esfinge de la mi­tología griega.



GUIA N: 2 Grecia, los dioses del Olimpo

" VUELVE A VISITAR A LOS GRIEGOS" mira arriba...........

VISITA:

1. La vida en Atenas.

2. La peste en Atenas.

3. La medicina Griega.

4. Guerra de Peloponeso.

5. Vida en Esparta.

6. Leyendas Griegas.


Punto de partida
Grecia está situada al sur de Europa, a orillas del mar Medi­terráneo. La civilización occidental tiene sus raíces en la cultu­ra griega. Los griegos eran politeístas y crearon los mitos para explicar lo que les rodeaba. Sus dioses, que vivían en el mon­te Olimpo, tenían forma humana, personificaban las pasiones humanas y actuaban como seres humanos por ira, por vengan­za, por celos y por amor.

En la ciudad de Olimpia, los griegos celebraban grandes fiestas en honor del padre de los dioses, y hasta hoy nos han llegado sus famosos Juegos Olímpicos.
Además de los dioses, la mitología hace referencia a otros se-midioses, como, por ejemplo, las ninfas que habitaban en los bosques, fuentes y praderas. Existieron también otros seres, co­mo las amazonas, que formaron un pueblo de mujeres guerreras.

Esta guía pretende responder a las siguientes preguntas:
Los mitos son relatos que tratan de explicar ciertos acontecimientos y costumbres de los pueblos.
1. ¿Qué diferencia hay entre la explicación mítica y la explicación histórica? Da las razones de una y otra.
El mundo griego clásico nos ha dejado numerosos ejemplos arquitectónicos en honor de sus dioses. El Partenón ha quedado como uno de los símbolos más representativos de la religiosidad
2. ¿Conoces algunos templos griegos y su localización?
Hay muchos nombres que aparecen en la mitología griega que han llegado a nuestra cultura.
3. En castellano existen nombres como ninfa, amazonas, Cupido, pías, Adonis. ¿Conoces su significado?
Según los griegos, los dioses vivían en el monte Olimpo, que consideraba como un lugar inaccesible para los mortales.
4. ¿Por qué las divinidades siempre se sitúan en lugares inaccesibles para las personas?

viernes, 13 de marzo de 2009

LO SAGRADO Y LO PROFANO GUIA ESTUDIO PRIMER BIMESTRE 2009

Este articulo que sigue tiene por meta el ilustrar y precisar esa oposición entre lo sagrado y lo profano.
CUANDO SE MANIFIESTA LO SAGRADO.
El hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano. Para denominar el acto de esa manifestación de lo sagrado hemos propuesto el término de hierofanía, que es cómodo, puesto que no implica ninguna precisión suplementaria: no expresa más que lo que está implícito en su contenido etimológico, es decir, que algo sagrado se nos muestra. Podría decirse que la historia de las religiones, de las más primitivas a las más elaboradas, está constituida por una acumulación de hierofanías, por las manifestaciones de las realidades sacras. De la hierofanía más elemental (por ejemplo, la manifestación de lo sagrado en un objeto cualquiera, una piedra o un árbol) hasta la hierofanía suprema, que es, para un cristiano, la encarnación de Dios en Jesucristo, no existe solución de continuidad. Se trata siempre del mismo acto misterioso: la manifestación de algo «completamente diferente», de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte integrante de nuestro mundo «natural», «profano».
El occidental moderno experimenta cierto malestar ante ciertas formas de manifestación de lo sagrado: le cuesta trabajo aceptar que, para determinados seres humanos, lo sagrado pueda manifestarse en las piedras o en los árboles. Pues, como se verá en seguida, no se trata de la veneración de una piedra o de un árbol por si mismos. La piedra sagrada, el árbol sagrado no son adorados en cuanto tales; lo son precisamente por el hecho de ser hierofanías, por el hecho de «mostrar» algo que ya no es ni piedra ni árbol, sino lo sagrado, lo ganz andere. Nunca se insistirá lo bastante sobre la paradoja que constituye toda hierofanía, incluso la más elemental. Al manifestar lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser él mismo, pues continúa participando del medio cósmico circundante. Una piedra sagrada sigue siendo una piedra; aparentemente (con más exactitud: desde un punto de vista profano) nada la distingue de las demás piedras. Para quienes aquella piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural. En otros términos: para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la Naturaleza en su totalidad es susceptible de revelarse como sacralidad cósmica. El Cosmos en su totalidad puede convertirse en una hierofanía.
El hombre de las sociedades arcaicas tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados. Esta tendencia es comprensible: para los «primitivos» como para el hombre de todas las sociedades pre-modernas, lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia. Lo sagrado está saturado de ser. Potencia sagrada quiere decir a la vez realidad, perennidad y eficacia. La oposición sacro-profano se traduce a menudo como una oposición entre real e irreal o pseudo-real. Entendámonos: no hay que esperar reencontrar en las lenguas arcaicas esta terminología filosófica: real, irreal, etc.; pero la cosa está ahí. Es, pues, natural que el hombre religioso desee profundamente ser, participar en la realidad, saturarse de poder. Cómo se esfuerza el hombre religioso por mantenerse el mayor tiempo posible en un universo sagrado; cómo se presenta su experiencia total de la vida en relación con la experiencia del hombre privado de sentimiento religioso, del hombre que vive, o desea vivir, en un mundo desacralizado: tal es el tema que dominará las páginas siguientes. Digamos de antemano que el mundo profano en su totalidad, el Cosmos completamente desacralizado, es un descubrimiento reciente del espíritu humano. No es de nuestra incumbencia el mostrar por qué procesos históricos y a consecuencia de qué modificaciones de comportamiento espiritual ha desacralizado el hombre moderno su mundo y asumido una existencia profana. Baste únicamente con dejar constancia aquí del hecho de que la desacralización caracteriza la experiencia total del hombre no-religioso de las sociedades modernas; del hecho de que, por consiguiente, este último se resiente de una dificultad cada vez mayor para reencontrar las dimensiones existenciales del hombre religioso de las sociedades arcaicas.
DOS MODOS DE SER EN EL MUNDO
Se medirá el abismo que separa las dos modalidades de experiencias, sagrada y profana, al leer las discusiones sobre el espacio sagrado y la construcción ritual de la morada humana, sobre las variedades de la experiencia religiosa del Tiempo, sobre las relaciones del hombre religioso con la Naturaleza y el mundo de los utensilios, sobre la consagración de la vida misma del hombre y la sacralidad de que pueden revestirse sus funciones vitales (alimentos, sexualidad, trabajo, etc.). Bastará con recordar en qué se han convertido para el hombre moderno arreligioso la ciudad o la casa, la Naturaleza, los utensilios o el trabajo, para captar a lo vivo lo que le distingue de un hombre perteneciente a las sociedades arcaicas o incluso de un campesino de la Europa cristiana. Para la conciencia moderna, un acto fisiológico: la alimentación, la sexualidad, etc., no es más que un proceso orgánico, cualquiera que sea el número de tabús que le inhiban aún (reglas de comportamiento en la mesa, límites impuestos al comportamiento sexual por las «buenas costumbres»). Pero para el «primitivo» un acto tal no es nunca simplemente fisiológico; es, o puede llegar a serlo, un «sacramento», una comunión con lo sagrado.
El lector se dará cuenta en seguida de que lo sagrado y lo profano constituyen dos modalidades de estar en el mundo, dos situaciones existenciales asumidas por el hombre a lo largo de su historia. Estos modos de ser en el Mundo no interesan sólo a la historia de las religiones o a la sociología, no constituyen un mero objeto de estudios históricos, sociológicos, etnológicos. En última instancia, los modos de ser sagrado y profano dependen de las diferentes posiciones que el hombre ha conquistado en el Cosmos; interesan por igual al filósofo que al hombre indagador ávido de conocer las dimensiones posibles de la existencia humana.
Por eso, a pesar de su condición de historiador de las religiones, el autor de este librito no se propone escribir exclusivamente desde la perspectiva de su disciplina. El hombre de las sociedades tradicionales es, por supuesto, un homo religiosus, pero su comportamiento se inscribe en el comportamiento general del hombre y, por consiguiente, interesa a la antropología filosófica, a la fenomenología y a la psicología.
Para resaltar mejor las notas específicas de la existencia en un mundo susceptible de convertirse en sagrado no vacilaremos en citar ejemplos tomados de un gran número de religiones, pertenecientes a épocas y culturas diferentes. Nada vale tanto como el ejemplo, el hecho concreto. Sería vano discurrir sobre la estructura del espacio sagrado sin mostrar, con ilustraciones precisas, cómo se construye un espacio tal y por qué se hace cualitativamente diferente del espacio profano que le rodea. Tomaremos nuestros ejemplos de los meso-potamios, los indios, los chinos, los kwakiutl y otras poblaciones «primitivas». En la perspectiva histórico-cultural, una yuxtaposición tal de hechos religiosos, espigados en pueblos tan distantes en el tiempo y en el espacio, no carece de peligro. Pues se corre siempre el riesgo de recaer en los errores del Siglo XIX y especialmente en el de creer, con Tylor o Frazer, en una reacción uniforme del espíritu humano ante los fenómenos naturales. Pues los progresos de la etnología cultural o de la historia de las religiones han demostrado que no es éste siempre el caso, que las «reacciones del hombre ante la Naturaleza» están condicionadas más de una vez por la cultura, es decir, por la Historia.
Pero mayor importancia tiene para nuestro propósito hacer resaltar las notas específicas de la experiencia religiosa, que mostrar sus múltiples variaciones y las diferencias ocasionadas por la Historia. Es un poco como si, para favorecer la mejor comprensión del fenómeno poético, se acudiera a los ejemplos más disparatados, citando, junto a Homero, Virgilio o Dante, poemas hindúes, chinos o mexicanos; es decir, invocando tanto poéticas históricamente solidarias (Homero, Virgilio, Dante) como creaciones hechas conforme a otras estéticas. En los limites de la historia literaria, tales yuxtaposiciones son sospechosas, pero son válidas si lo que se considera es la descripción del fenómeno poético en cuanto tal, si lo que se tiene por propósito es mostrar la diferencia esencial entre el lenguaje poético y el lenguaje utilitario, cotidiano.
LO SAGRADO Y LA HISTORIA.
Nuestro primer propósito es presentar las dimensiones específicas de la experiencia religiosa, resaltar sus diferencias con la experiencia profana del Mundo. No insistiremos en los innumerables condicionamientos que la experiencia religiosa del Mundo ha tenido en el transcurso de los tiempos. Así, es evidente que los simbolismos y los cultos de la Tierra-Madre, de la fecundidad humana y agraria, de la sacralidad de la Mujer, etc., no han podido desarrollarse y constituir un sistema religioso ricamente articulado hasta el descubrimiento de la agricultura; es asimismo evidente que una sociedad pre-agrícola, especializada en la caza, no podía sentir de la misma manera ni con la misma intensidad la sacralidad de la Tierra-Madre. Una diferencia de experiencia es secuela de las diferencias de economía, de cultura y de organización social; en una palabra: de la Historia. Con todo, entre los cazadores nómadas y los agricultores sedentarios subsiste esta similitud de comportamiento, que nos parece infinitamente más importante que sus diferencias: unos y otros viven en un Cosmos sacralizado, participan en una sacralidad cósmica, manifestada tanto en el mundo animal como en el vegetal. No hay más que comparar sus situaciones existenciales con la de un hombre de las sociedades modernas, que vive en un mundo desacralizado, para percatarse inmediatamente de todo lo que separa a este último de los otros. Al mismo tiempo, se capta el lícito fundamento de las comparaciones entre hechos religiosos pertenecientes a culturas diferentes: todos estos hechos dimanan de un mismo comportamiento, el del homo religiosus.
Saint Cloud, Abril 1956.

jueves, 12 de marzo de 2009

GUIA EL HOMBRE Y EL MISTERIO PRIMER BIMESTRE 2009

EI hombre y el misterio

1. EI misterio y los rituales

En nuestras relaciones personales, procuramos guardar las formas, mantenemos ciertas actitudes, comportamientos, palabras, gestos, ves­timenta, etc.
Es lo que conocemos como normas de educación. Esas reglas se cum­plen para agradar a los demás y no molestarles.
Así sucede en acontecimientos colectivos, como un partido de fútbol, un desfile de carnaval o un concierto.
En cada caso se espera que cada uno de los presentes, bien sean participantes, autoridades o público, se comporte de una determinada manera.
De forma semejante, los seres humanos se relacionan con lo misterio­so o lo divino con ciertos comportamientos, gestos y actos. Son lo que en el ámbito religioso se denominan rituales.
El objetivo de los rituales es encontrar un confidente, alguien que le es­cuche y que le sirva de consuelo. Por eso, con frecuencia el hombre con­fía y deposita su esperanza en el poder de esos seres superiores.
Cuando la vida diaria está salpicada por rituales y orientada a lo divino, se dice que tal tipo de vida está marcada por lo religioso.

2. La esperanza y la promesa

Cuando confiamos un secreto a un amigo o le hacemos partícipe de los problemas que nos preocupan, lo hacemos porque sabemos que nos escucha, nos comprende, se solidariza con nosotros y nos ayuda.
El amigo contará desde entonces con nuestro agradecimiento y nues­tro afecto. Así se establece un lazo firme entre ambos.
Pero cuando el problema que nos angustia supera la capacidad huma­na para resolverlo, algunas personas recurren a poderes superiores. Y dirigen a ellos su petición de ayuda esperando una solución.

Es lo que hacen ante el caso de una grave enfermedad o cualquier otra situación desesperada en la que los humanos nada pueden hacer.
El hombre, como contrapartida a lo que pide a ese ser superior, se com­promete a actuar de una determinada manera: trata de establecer con él una «relación de compromiso».
Ese compromiso propiamente significa que se ha hecho una promesa; y que consecuentemente se ha adquirido una obligación. Y no se trata de una obligación simple con un igual sino con un ser superior, con lo que la obligación de cumplirla se hace más firme.
Así se va tejiendo la vida religiosa. Esos gestos de petición, esperanza y promesa, de amor y de temor son lo que forman la llamada experien­cia religiosa. Todo ello se hace más visible en los momentos difíciles.

3. EI misterio y el compromiso
A lo misterioso se le suele llamar divino; y se presenta ante el hombre como algo oculto y secreto.
Ese algo oculto puede manifestarse al hombre solo con una condición: que este le muestre su sometimiento.
Este compromiso le obliga a aceptar la separación entre él y lo divino. En un lado quedará el mundo de lo humano; y, en el otro, el mundo de lo misterioso y divino.
Lo humano es visible y manejable, se puede conocer y cambiar. Por ejemplo, cambiamos el peinado, el vestido, el coche, los libros, afi­ciones, la profesión, los gustos musicales...
Es lo que forma parte de nuestra vida cotidiana. El hombre sabe cómo actuar de forma natural.
Pero lo divino es invisible, extraño y superior y no sabe qué rituales em­plear para acercarse. No puede verlo ni oírlo; e incluso sospecha que tiene poderes destructivos.
Por ese motivo, el ser humano que acepta la existencia de esa divini­dad Intenta un diálogo. Cree y confía en ella. Si se comporta como los dioses quieren, no debe temer nada, está a salvo. Este comportamien­to es un compromiso personal.
4. Los dioses siguen ocultos
Los hombres, como hemos visto, parecen dispuestos a establecer un pacto con los dioses, pero estos se ocultan. Los dioses están ocultos porque pertenecen al mundo del misterio. La inteligencia del ser hu­mano sería incapaz de comprender su naturaleza.
El hombre se los debe imaginar a la vista de las señales con las que se manifiestan. Solo puede aspirar a interpretar esas señales y tratar de representarlos en algún tipo de figura u objeto. Por ello, determinados objetos se convierten en símbolos de la divinidad.
A estos símbolos les atribuyen la misma fuerza que el dios al que re­presentan: los ocho brazos de la diosa Kali, que simbolizan su inmen­so poder de creación y destrucción; el rayo de Zeus, que representa su suprema autoridad; las dos caras del dios Jano, una mira hacia atrás -al pasado- y otra adelante -el presente-; las alas del dios Mercurio, el mensajero veloz de los dioses; las trompetas, que representan a la diosa Fortuna; la balanza de la Justicia, etc.

5. EI momento de la muerte

El hombre primitivo observaba el cuerpo muerto de un miembro del gru­po y comprobaba que no se movía. Aquello que le había permitido mo­verse y realizar actividades había desaparecido. Pensaron que se había ido a otra parte donde no era visible; es decir, se había marchado al lugar en que vivían las divinidades.
Para evitar que aquello que se había separado del cuerpo se volviera contra los demás, intentaban dar un tratamiento adecuado al cadáver.
También recogían los cuerpos de los muertos y los devolvían a la ma­dre Tierra para evitar cualquier tipo de males.




El hombre primitivo sabía que también moriría, tenía conciencia de lo que suponía morir. Y ante esa situación necesitaba todas las ayudas posibles. Durante su vida podía rectificar sus errores, pero ante la muer­te no cabía rectificación. Debía ponerse en mano de los dioses.

Actividades
Explica para qué cumplimos las re­glas de educación.
¿Cuál es el objetivo de los rituales?
Justifica por qué confiamos un secre­to a un amigo o le hacemos partícipe de los problemas que nos preocupan.
Describe cómo se fue tejiendo la vida religiosa entre los primeros seres hu­manos.
Explica el comportamiento del hom­bre ante lo divino o lo humano.
¿En las antiguas religiones por qué se ocultan los dioses?
Aquello que había permitido al cuerpo vivo moverse y realizar actividades ha­bía desaparecido al llegarle la muer­te. Según los primeros seres huma­nos, ¿adonde se había ido?

viernes, 27 de febrero de 2009

GUIA MITO " EL MITO DEL LABERINTO" Para EVALUAR del 9 -13 MARZO

ESTA GUIA SERA TAMBIEN CONTENIDO DE ESTUDIO PARA LA PROXIMA EVALUACION . PEGARLA EN EL CUADERNO DE TEORIA: Se revisara en las Clases.

El Mito del Laberinto:
Una metáfora para la complejidad cognitiva.



Todos sabemos como continúa la leyenda y estamos obviamente al tanto de que escapar no era totalmente imposible: el hilo de Ariadna le permitió a Teseo entrar al laberinto y salir de él vivo después de un último y agitado intercambio de opiniones con el Minotauro. De modo que, cuando el rey Minos aclaró cuentas con Dédalo por su trabajo, además de pagarle la cifra acordada, también lo encerró en el laberinto junto con su hijo Icaro (asegurándose de que no tuvieran rollos de hilo antes de entrar). Sin embargo, el ingenioso arquitecto encontró la manera de escapar por arriba, al crear alas hechas de plumas de pájaros y cera tanto para él como para su hijo. Lamentablemente, como todos sabemos, Icaro voló demasiado cerca del sol y la cera de sus alas se derritió haciendo que el pobre niño se desplomara y colocando así a Dédalo como el primer genio en la historia en tener un hijo de inteligencia inferior (a pesar de disfrutar de la ilustre compañía de nadie mas que Apollo, quien también perdió a su hijo Phaeton de una forma parecida como consecuencia de una indisciplina similar).

El Laberinto como Metáfora de Complejidad Cognitiva

El lenguaje simbólico de la leyenda del laberinto trata un tema de particular importancia para nuestros tiempos: la complejidad y la posibilidad de que sea resuelta por la ciencia.

¿Qué es exactamente un laberinto? Los laberintos son el epítome de una complejidad diseñada (y por lo tanto interpretada) tan sofisticada que la percepción general del objeto diseñado queda opacado. El uso de la racionalidad en ellos genera confusión en vez de aclarar y ofrecen una abundancia de posibilidades (e información) tal que efectivamente logran prevenir la decisión. Hoy en día, la conciencia de la complejidad que nos rodea y nuestra habilidad de guardar, consultar y comparar información a través del uso de herramientas tecnológicas le han creado a la ciencia un problema cuya solución podría afectar la dirección del desarrollo científico del futuro por mucho tiempo. ¿Cómo seleccionar y organizar el increíble exceso de información disponible para poder manejar la complejidad del mundo que nos rodea y extraer los elementos beneficiosos para la investigación cognitiva y curso de acción?

SI los mitos reflejan la tendencia psicológica humana de identificar problemas existenciales y darles valor y significado, y la metáfora es la forma más ingeniosa del intelecto humano para explorar e interpretar lo desconocido, la analogía del laberinto podría llevarnos a considerar varios puntos de interés y estimulación. Ciertamente, el mito del laberinto como metáfora del problema de exceso de información y recursos para interpretar esa información esta cargada con muchas implicaciones. De modo que, dejémonos llevar por un momento para entretenernos tratando de identificar algunas de estas implicaciones.
La Prisión de la Mente

La complejidad del diseño y las casi infinitas rutas posibles que pueden ser recorridas en un laberinto llevan a una perdida de la ubicación y a la inhabilidad de tener una idea clara del ambiente que nos rodea. La gran cantidad de elementos y opciones disponibles logran efectivamente incapacitar al prisionero de comprender y por lo tanto actúa como una especia de prisión mental.

Este aspecto del mito puede estar relacionado con varios elementos cardinales de la teoría de sistemas. De acuerdo con el principio de variedad necesaria, el control de una variedad de resultados requiere que la variedad de opciones alternas sean variadamente simétricas. De modo que, para poder superar la complejidad, el número de herramientas conceptuales a utilizar debe ser igual al número de variables involucradas para determinar el evento en consideración. Por otro lado, los organismos vivos (sistemas abiertos) tienen una capacidad limitada de desarrollar y planear acciones. Similarmente, los seres humanos utilizan una racionalidad limitada para analizar los elementos que se deben tomar en cuenta en el proceso de tomar una decisión. Como consecuencia, la mente humana identifica o define una gran cantidad de elementos conceptuales (información o estructuras relativas, por ejemplo, esquemas interpretativos) para ser considerados simultáneamente y por lo tanto necesita incrementar progresivamente su capacidad de procesar, hasta que eventualmente llega a un punto de saturación en el cual el crecimiento cuantitativo estimula un salto en calidad (como nos hace creer Hegel) cuyo efecto es una perdida de la capacidad de resolver la complejidad del sistema - el área establecida de investigación.

También existe el riesgo de que el tratar de incrementar el proceso lleve a otro salto cualitativo el cual hará que el proceso sea irreversible y prevendrá la sobre-simplificación del esquema de referencia hasta el punto que le permita ser superado. Esto puede ser visto ocasionalmente en sistemas mentales que se llevan más allá del límite de la locura. Interpretando la metáfora del mito desde el punto de vista de lo anterior, la idea de que Dédalo haya sido encarcelado en su propio laberinto simboliza nuestra habilidad de crearnos las mas inexorables prisiones a nosotros mismos.

De modo que, nuestro pensamiento se va a los procesadores de computadores. ¿Cómo podemos dejar de verlos como un medio para incrementar la cantidad de información que puede manejar la mente humana? Sin embargo, esta creencia esta plagada de peligros escondidos. En comparación a los procesadores electrónicos, la capacidad de la mente humana de procesar información es minúscula en cuanto a cantidad, pero mucho mayor en cuanto a calidad. Ambas pueden archivar, consultar, comparar, y seleccionar información, pero solo la mente humana –por lo menos hasta ahora - es capaz de relacionar dicha información, evaluarla, interpretarla, y proponer hipótesis y soluciones basadas en ella. La solución de la complejidad no puede ser entendida como solo la capacidad de expandir el uso de procesadores. El problema esta en la estrategia, en los puntos de vista, en las evaluaciones y en las decisiones que solo pueden ser el resultado de la mente humana.

Escapando el Laberinto

Ubicarse dentro del laberinto y escapar del él no es imposible. Es más, la leyenda griega del laberinto ofrece al parecer dos métodos distintos: el de el hilo de Ariana (empírico intuitivo) y el vuelo de Dédalo (pensamiento lateral). Sin embargo, ambos métodos tienen algo en común. Ambos se basan en variables de la estructura conceptual del mapa.

El método de Ariana no es más que una forma elemental y pragmática (similar a la que se encuentra en el cuento de hadas Pulgarcito) de señalar el camino de una manera visible y hacerlo evidente, como si estuviera resaltado gráficamente en un mapa.

El vuelo de Dédalo e Icaro introduce una dimensión vertical (intuición “creativa”) a la complejidad bidimensional del laberinto, una variable nueva sin excesiva complejidad que ofrece una salida fácil, pero que (también) supone una reducción drástica de la complejidad percibida del laberinto a través de una síntesis visual global –casi sistemática- practicada desde arriba (Dédalo podía tener una idea general de la estructura del laberinto y podía moverse en la dirección que quisiera). Una vez más, este es uno de los rasgos más característicos de un mapa.

Un mapa es una interpretación de la realidad que esta conceptualmente simplificada. El mito explica que un prisionero puede escapar la complejidad del laberinto utilizando una herramienta diseñada para simplificar la percepción mental de su estructura.

Hasta cierto punto esto es una consecuencia directa de lo que hemos notado. Un exceso de información o su estructura conceptual previenen la generación de una visualización mental a través de la cual el problema puede ser resuelto. De este modo, la respuesta al problema solo puede ser encontrada a través de la simplificación del modelo mental de referencia. Desde el advenimiento del pensamiento Cartesiano y la ciencia moderna (quizás, a un nivel empírico, desde el principio de la humanidad), la capacidad de la mente humana de dominar la realidad ha estado basada en la simplificación de la realidad percibida a través de modelos mentales que le atribuyen significado y ese significado provee después el criterio necesario para actuar. De modo que, la mente humana crea mapas mentales de la complejidad utilizando símbolos conceptuales para incrementar las formas en las que puede ser simplificado, haciendo uso de la intuición sintética y del análisis racional. La racionalidad humana necesita reducir la complejidad (a falta de mas nada recurriendo a mitos o elementos de fe) para evitar ahogarse en ella.

Sin embargo, mientras más compleja sea la realidad considerada, más sofisticado debe ser el modelo y más exigentes y racionales las estructuras necesarias para mantener un control coherente de las complejidades introducidas. Mientras más complejo sea el esquema mental, más riesgo hay de que surja una nueva situación de desorientación. Y mientras más desorientación, mayor es la necesidad de simplificar. La polémica entre la complejidad y la simplificación ha sido un rasgo constante de la historia del pensamiento y el progreso humano.


Mas allá del Mapa

A pesar de que la complejidad simplificada de un “mapa conceptual” puede ser percibida fácilmente por el cerebro humano, no deja de tener ciertas limitaciones.

Un modelo conceptual ilustra la arquitectura general de un sistema y las conexiones que hay entre sus distintas partes, pero no los detalles de su contenido. Le permite a la mente humana entender cómo y por donde moverse a amplio espectro para poder encontrar (o buscar) algo que sabe (o que razonablemente cree) que va a encontrar. Pero, si queremos indagar en algo cuya existencia no es segura, solo una conciencia analítica y detallada de la realidad en cuestión puede ayudarnos. Un mapa solo puede captar realidades artificiales de acuerdo con un criterio racional y sistemático. Cada entidad esta ordenada de acuerdo con un criterio establecido (como lo están las entidades de complejos arquitectónicos planeados como fabricas, hoteles, y centros comerciales, a veces hasta distritos urbanos enteros o ciudades, así como también construcciones conceptuales más imperceptibles como lo son estructuras de organización y clasificaciones científicas). Sin embargo, comparado a la complejidad al natural, un mapa solo puede dar una representación de las características que han sido elegidas específicamente para ser incluidas. Es un hecho que, si el mapa incluyera todo, seria igual de o inclusive más complejo que la realidad que pretende representar.

Solo una conciencia capilar de la realidad (o el sistema) de referencia permite investigaciones, evaluaciones y acciones efectivas. Solo la experiencia directa de la vida en cualquier ambiente –un bosque o un suburbio de una ciudad- nos permite actuar dentro del él, dejándonos saber a quién o qué nos podemos encontrar o buscar en un lugar o el otro, cómo será esa cosa o persona y cuales son nuestros chances de éxito en su búsqueda.

¿Puede cualquier representación conceptual ofrecer un modelo de referencia para este propósito? Quizás un “modelo inteligente” que resalte selectivamente –a través de diferentes representaciones- la información guardada en un solo ambiente de una manera muy parecida a la de un mapa de territorio que puede ser representado de distintas formas a través de mapas orográficos, hidrográficos, estadísticos, geológicos o demográficos, puede ser la respuesta. La información puede ser accesible en cualquier momento de acuerdo con los deseos del usuario de la misma manera que los textos de una computadora pueden ser accesados con un comando.

La creación de modelos de este tipo requiere de (y confía en) una persona que realice un análisis extremadamente detallado de los distintos ambientes y luego inserte la información al modelo. Sin embargo, sigue dejando el problema más delicado sin resolver: cómo seleccionar y evaluar el exceso de información disponible y generada por el análisis que puede ser utilizada.

En lo que concierne la selección, la cantidad de información disponible hoy en día es tan copiosa que no puede ser utilizada sin ser preseleccionada primero; podríamos pasarnos el resto de nuestras vidas estudiando información acerca de una determinada materia, sin lograr terminar nunca de leerla toda. Lo que es más, el proceso de selección se ve amenazado por un peligro escondido: la selección de los elementos que caracterizan un contexto (y que son utilizados para crear el modelo que luego generara otros conceptos) influye fundamentalmente en las conclusiones a las que se llegaran, las evaluaciones que se harán y por consecuencia las estrategias que se van a tomar. Una metodología que asegure la elección correcta es esencial.

La evaluación, por otro lado, requiere del establecimiento de relaciones y nexos, la formulación de interpretaciones e hipótesis, que son exclusividad del proceso de reflexión de la mente humana. ¿Cómo puede la mente unificar la cantidad de información que se necesita y se pueda necesitar para el éxito del proceso de reflexión?

El exceso de complejidad – y el mito del laberinto – esta constantemente presente como un obstáculo a ser superado.

Conclusión

El mito del laberinto sugiere que aunque el escape de la prisión de la complejidad es posible, el dominio (o uso) de la complejidad de un modo que no aprisione, no lo es. El reto para la ciencia moderna es probar que el mito esta errado.

Para hacer esto, dos problemas fundamentales deben ser afrontados.

El primer problema se refiere a la inhabilidad de la mente humana de orientarse dentro de un exceso de información y complejidad y estructuras de organización. Perderse en la complejidad o sumergirse en miles de detalles hace que la correlación e integración sean imposibles y como consecuencia afecta nuestra capacidad de sintetizar e innovar. Esto puede ser superado a través de la creación de estrategias innovadoras que exploten las posibilidades ofrecidas por los recientes avances de IT.

Obviamente, será necesario desarrollar nuevos esquemas cognitivos que permitan una ampliación de horizontes de la conciencia humana y reduzcan los elementos irrelevantes y que parezcan mutuamente extrínsecos y aun contradictorios dentro de un esquema común. Esto se puede lograr a través del estudio y el análisis de los modelos, constantes, nexos, y relaciones funcionales que caracterizan y regulan la interacción entre las variables de un sistema complejo y que constituyen un fondo de investigación amplio y fascinante. Los resultados de esta investigación (esquemas dinámicos y matemáticos, criterios de medición, etc.) pueden ser utilizados para un nuevo enfoque del análisis de casos de estudios verdaderos y apropiados.

El otro problema, relacionado e igualmente esencial, se refiere a nuestra habilidad de reducir la cantidad de información a ser considerada basándose en su relevancia y confiabilidad.

En este caso nos agobian peligros opuestos: el derrochable y utópico mito de que la conciencia crítica coincide con la revisión exhaustiva de información, y la técnica de manipulación que distorsiona de seleccionar la información de acuerdo con la hipótesis que se persigue. El objetivo de la diseminación de información relevante y verdadera dentro de la comunidad científica así como en el público en general es vital. Necesitamos saber como concebir y desarrollar una selección de investigación válida y criterios de recombination, modelos y formas que lleven a una respuesta satisfactoria en lugar de confusa dentro de la inmensa y creciente cantidad de información disponible y accesible.

Nuestra habilidad de aportar soluciones a estos problemas y la manera en la que serán identificados tendrán un efecto significativo en la forma en la que la ciencia avance al comienzo del tercer milenio.

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El contenido de este artículo fue publicado inicialmente por el autor en Italiano bajo el Titulo: “Il mito del laberinto come metáfora della complexita cognitiva” en SL-Rivista di Organizzazione, 1995/4.

viernes, 20 de febrero de 2009

EL HECHO RELIGIOSO GUIA DE ESTUDIO PARA EVALUACION ESCRITA SEMANA 6-13 MARZO.

1. Un hecho universal
Que la religión sea un hecho es una afirmación elemental, innegable. En cualquier ciudad que uno visite se encuentra con múltiples datos de ese hecho. Lo más visible será la arquitectura: catedrales, sinagogas, mezquitas... Pero a poco que uno se interese por las artes, la encuentra también presente en todas ellas: cuadros de pintores famosos, composiciones musicales, escultura, literatura... Y luego, en la vida cotidiana: saludos, refranes, fiestas, el mismo nombre de ciudades y calles...
Es, además, un hecho de siempre. Es lo que dicen los historiadores y los antropólogos quienes ya en la prehistoria encuentran sepulturas, monumentos megalíticos, pinturas rupestres, ofrendas y sacrificios, danzas sagradas, ritos funerarios... Más tarde el culto a los astros y a los dioses de la tierra. Las más cercanas a nosotros son las religiones del mundo griego y romano, que conocemos a través de sus mitologías. Y también los dioses de las culturas precolombinas.

2. Los grandes interrogantes del ser humano
Como ser pensante y consciente la persona ha tratado de buscar y entender el significado profundo de la vida, ya que espera satisfacer su deseo de plenitud, y alcanzar la auténtica felicidad. En esa búsqueda se plantea una serie de interrogantes:
¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué existe el dolor, la enfermedad, la muerte? ¿Por qué no hay nada que nos llene del todo?
¿Por qué sufrimos? ¿Por qué y para qué trabajar, la familia, el amor, el mal...?O, ¿para qué vivimos, qué hacemos aquí, qué pasa después de la muerte?...
Son preguntas que en unos momentos o en otros todos nos hacemos, sobre todo en situaciones extremas de soledad, fracaso, situaciones límite como la muerte de un familiar o un amigo, un accidente grave, una enfermedad incomprensible...

Las respuestas que se ha dado a esos interrogantes han sido varias. He aquí alguna de ellas: - Existen quienes ante la dificultad que suponen estos interrogantes, no se los plantean, no se hacen preguntas. Viven ocupados y preocupados por la vida de cada día. No quieren saber más que el “carpe diem”. Es la respuesta del indiferente y despreocupado. - Otros encuentran la respuesta en un Ser Superior o Dios. Reconociéndole, aceptándole, viviendo conforme a su voluntad encuentran el sentido de su existencia y, por tanto, el camino de la felicidad. Es la respuesta religiosa. . -Y hay también; quienes buscan la respuesta a estos interrogantes al margen de Dios, porque están convencidos de que la persona humana no puede afirmar ni negar de Él. Es la respuesta agnóstica.

Ante estos interrogantes, entre los jóvenes suelen darse dos actitudes:- Evadirse: es la actitud del no querer enfrentarse, y en este sentido, es una actitud cobarde. Quien se evade no crece como persona y poco a poco se convierte en marioneta que otros mueven a su antojo y según sus intereses.

Hay unos caminos que facilitan la evasión: el dejarse llevar por lo que dice y hace “todo el mundo”, las drogas y el alcohol, la superficialidad, el pasotismo, la irresponsabilidad, la bulla... - Buscar: es la actitud del que no se conforma con seguir la corriente, del responsable, del que quiere crecer como persona. Hay también unas ayudas que facilitan esa actitud: el silencio, la reflexión, la revisión del día, música y lectura apropiadas para crear un clima de interiorización, las buenas compañías...
Pero ¿qué es la religión? Hablar hoy de temática religiosa, manifestarse uno creyente parece un anacronismo, es decir, algo propio de otro tiempo, fuera de nuestra época. Pero no debemos precipitarnos: una atenta observación de nuestro entorno social nos invita plantearnos preguntas: ¿Vivimos un tiempo de increencia o un tiempo de credulidades?

Estudios recientes y especialistas en la materia nos dicen que hay un auténtico “boom” del esoterismo y de las ciencias ocultas. En Europa y en Estados Unidos los astrólogos registrados oficialmente, hace ya algunos años, eran tres veces más numerosos que todos los físicos y químicos juntos. Hay que mencionar, además, el comercio de amuletos y “buenas venturas”, la proliferación de librerías con obras más o menos basadas en formas de espiritualidad orientales, libros que exponen filosofías de vida teñidas de un tipo espiritualidad laica o sincrética, la “new age”...
La realidad de nuestro entorno social nos dice, pues, que a pesar de que algunos se manifiestan increyentes vivimos un tiempo de credulidades. ”... Ciertamente la postmodernidad no pone reparos en creer lo increíble. Ya escribió con buen tino Chesterthon: “Desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no creen en nada. Ahora creen en todo”. ¿Es religiosa la persona del siglo XXI? Si por religioso entendemos el hecho; de interesarse por los enigmas fundamentales de la vida hay que decir que empezamos un siglo religioso. Si por religioso entendemos una referencia a un Ser Superior que; trasciende este nuestro mundo y nuestra existencia, que supone el reconocimiento explícito de Dios, y que exige una vida conforme a una moral determinada..., entonces ya no serían tantas. Pero ¿qué es eso que llamamos religión? La religión es el reconocimiento por la persona de un Ser Superior, más allá de nuestra experiencia, que, al estar en relación con nosotros, da sentido a nuestra existencia humana y a toda la realidad que nos rodea. . - Dar sentido: la palabra sentido equivale a “significado”, “dirección”. Las religiones, todas y cada una, han pretendido dar respuesta a las últimas preguntas, a los grandes interrogantes que preocupan a la persona. Significa, sobre todo, responder a estas dos preguntas: ¿por qué?, ¿para qué?
- Dar sentido a la propia existencia: la persona se pregunta por las experiencias que le suceden en su vida: la enfermedad, el amor, la felicidad, el dolor, la muerte. Y en ese Ser Superior encuentra la respuesta sobre el sentido de sus experiencias positivas y negativas. Aunque no halla la solución clara o total, encuentra al menos la dirección hacia dónde apuntan esas experiencias.
- Dar sentido a toda la realidad: La persona se ve rodeada de un mundo que le plantea también preguntas y, por tanto, necesita respuestas. Respuestas que den sentido a todo, que sean capaces de “encajar” todas y cada una de esas realidades que llamamos “mundo, y todas nuestras experiencias en él. Es lo que llamamos una “cosmovisión”. Es decir, el sentido que tiene el mundo como totalidad, y cada realidad en particular. Las religiones pretenden dar razón del mundo como tal: su origen, su destino final, su organización. Y después, dar razón de cada parte del mundo en relación con el todo: sus problemas, sus dolores, su origen, su destino final...

4. Elementos que configuran la auténtica experiencia religiosa
Prescindiendo de nuestra pertenencia o no a una determinada religión y renunciando a toda actitud valorativa o crítica, en toda experiencia religiosa encontramos el ámbito de lo sagrado, el Misterio y las hierofanías. Lo primero que salta a la vista del observador de la experiencia religiosa son “dos espacios vitales” en los que la persona religiosa se mueve de manera diferente: por una parte está el mundo de la vida ordinaria; y por otra el mundo de ”lo sagrado”, un mundo que no es distinto del mundo profano, sino que es la misma realidad natural percibida y vivida desde una nueva perspectiva. El ámbito de lo sagrado hace referencia al Misterio, Algo o alguien que se hace presente en la experiencia religiosa. Lo sagrado es el ámbito de la experiencia religiosa.


En toda experiencia religiosa existen dos polos: el Ser Superior, Dios –realidad invisible- y el ser humano. Entre uno y otro hay una distancia insalvable que, en parte, es suplida por las mediaciones. Mediante ellas, Dios se manifiesta en la vida de las personas, y éstas se relacionan con Él. El Misterio, Ser Supremo, Dios, se da a conocer en la historia y en la vida de las personas de muchas maneras.
Las mediaciones del Misterio
¿Cómo puede hacer presente el Misterio en la historia concreta de la persona? Sólo a través de las “mediaciones”. Las mediaciones son aquellas realidades materiales que transparentan la realidad invisible del Misterio. Estas mediaciones se llaman “hierofanías”, término griego que significa manifestaciones de lo sagrado, que cumplen la misión de hacer presente la realidad última o Misterio. Pero las hierofanías no sustituyen al Misterio. Caeríamos en la idolatría si las identificáramos. Un texto de la Biblia ayudará a comprenderlo mejor:

Jacob se quedó allí a pasar la noche. Tomó una piedra del lugar, se la puso como almohada y se acostó en aquel lugar.
Tuvo un sueño. Una rampa, plantada en tierra, tocaba en el extremo el cielo. Mensajeros de Dios subían y bajaban por ella. El Señor estaba en pie sobre ella y dijo: -Yo soy el Señor, Dios de Abrahán tu padre y Dios de Isaac. La tierra en que yaces te la daré a ti y a tu descendencia...»
Despertó Jacob del sueño y dijo: -«Realmente está el Señor en este lugar y yo no lo sabía». Y añadió aterrorizado: -«¡Qué terrible es este lugar! Es nada menos que casa de Dios y Puerta del Cielo.»
Jacob se levantó de mañana, tomo la piedra que había servido de almohada, la colocó a modo de estela y derramó aceite en la punta. Y llamó al lugar Casa de Dios” (Gén. 28, 11-13. 16-19)

Los dos polos son Dios y Jacob; la hierofanía o la manifestación de Dios es el sueño de Jacob. Jacob lo convierte en lugar sagrado, separado de lo profano, porque allí se había comunicado con Dios.
* Debes prestar atención a las hierofanías, a las manifestaciones de Dios en tu vida que pueden darse en torno a la naturaleza, a los acontecimientos de la vida, en las huellas de bien vivir y bien hacer que algunas personas nos van dejando...
5. La actitud religiosa y sus expresiones
La actitud religiosa nace del encuentro, reconocimiento y acogida del Misterio a través de las diversas mediaciones, y sus expresiones abarcan todos los ámbitos de la existencia humana. Podemos agrupar esas expresiones de la siguiente manera:
Expresiones racionales. Son las manifestaciones de la actitud religiosa que elabora la razón humana: mitos, narraciones, profesiones de fe, escritos. A nuestra mentalidad occidental lógica y racionalista puede parecerle infantil la utilización de mitos y relatos. Sin embargo, el mito ha sido vehículo de transmisión de saberes. Y es que algunos toman los mitos como expresión científica, lo que ha producido malentendidos y ha hecho que muchos los consideren cuentos de niños sin ningún valor. Expresiones rituales o de culto. La persona es un ser simbólico y, como tal, necesita expresar sus sentimientos y creencias a través de símbolos. El saludo, el brindis, el aplauso... son expresiones rituales de nuestra vida diaria que se realizan mediante ritos: apretón de manos, abrazo, levantar y chocar las copas... Las religiones han encontrado también sus propios ritos, la mayor parte de ellos se bastan en gestos universales. En los ritos tiene gran importancia la palabra.
Expresiones éticas. En la auténtica actitud religiosa hay una estrecha relación entre los actos cultuales y los compromisos éticos. Todos los líderes religiosos destacan esta unión entre culto y vida moral. La explicación está en que la actitud religiosa auténtica abarca toda la existencia humana, y , por tanto, no se puede vivir religiosamente unos aspectos de la vida mientras se vive irreligiosamente en otros.
Expresiones institucionales. Como la persona es un ser sociable, la experiencia religiosa auténtica se vive y expresa en relación y en comunión con otros creyentes. Pero la experiencia religiosa no es una cuestión que afecta únicamente al ámbito privado de la persona humana. Es también una realidad visible e histórica que afecta al ámbito de la cultura y de la sociedad. Por eso se da la institucionalización de la experiencia religiosa encuadrándola en una organización que marca pautas a las creencias, ritos, costumbres y conductas.

6. Expresiones pseudoreligiosas:
Son formas simples de increencia que desfiguran y falsean una auténtica actitud creyente:
A. La idolatría.
Es una tentación constante en la persona sustituir al Ser Supremo, Dios, de muchas religiones por una realidad natural, un ídolo que ocupa el centro de su corazón y en torno al cual organiza su vida.

B. La magia.
La actitud religiosa queda también pervertida cuando la persona trata de hacer reaccionar las fuerzas divinas por medio de determinados actos. Entonces la relación personal con lo Sagrado desaparece y el culto se convierte en la realización mecánica de un rito.
C. La superstición. La persona cae en la superstición cuando sustituye la confianza religiosa por el afán de utilizar y poner de su lado el poder del Ser Supremo.
7. Algunos retos actuales en nuestro entorno
Todos nos damos cuenta de que ha cambiado el clima religioso de la sociedad actual. Ya no es natural ni frecuente manifestarse uno creyente. Un tono de increencia y desinterés por lo religioso parece envolverlo todo. En otros tiempos se creía y vivía en un clima religioso. Hoy no sucede así. ¿Qué debemos hacer? Empecemos por hacer un breve reflexión sobre la secularización, el secularismo, y la increencia.
A. La secularización. Cuando se habla hoy de religión en nuestro entorno, aparece la palabra secularización. Para unos es una desgracia, o una peste que nos ha venido no se sabe de dónde. Para otros no es tan mala, aunque encierra peligros. Significa la autonomía del “mundo”, de lo secular, es decir, de la economía, de la política, la ciencia, las artes... frente a la religión. Entre los aspectos positivos, la secularización nos exige el paso de una fe basada en la costumbre y el ambiente a una fe vivida como opción personal libre y consciente. Pero tiene también efectos negativos: el más grave el secularismo.
B. El secularismo. Es el riesgo y el efecto más negativo de la secularización. El secularismo es la visión del mundo y de la persona en la que desaparece el sentido religioso y la apertura al Misterio. Todo parece explicarse y poder hacerse sin Dios. Incluso parece que la ciencia y la técnica resultan más eficaces que la religión. Por ese camino llega a concluir que no hay más realidad que la que vemos, por tanto lo sobrenatural no existe, ni Dios tampoco. Un final, pues, absolutamente negativo.
C. La increencia. Son varios los tipos de increencia. Quizá la más extendida se manifiesta en forma de indiferencia. Al clima de increencia que respiramos en nuestra sociedad podemos llegar por diferentes caminos. En otro tiempo muchos se manifestaban “creyentes” porque el ambiente social así lo exigía. Hoy se sienten “increyentes” porque ese es el clima que respiran. Contagiados por el ambiente general su religiosidad se ha ido apagando. Poco a poco se han ido desprendiendo de la religión más por comodidad y seguir la corriente, que por razones personales convincentes. Todo empieza de manera casi imperceptible con la falta de cultivo de la experiencia religiosa, y el crecimiento de la pereza, de la superficialidad, hasta llegar a la indiferencia, algo así como una enfermedad cuya sintomatología es apenas perceptible pero sigue un proceso lento y constante hasta hacerse irreversible.
¿Cómo no sucumbir ante este panorama?
Primero reaccionar ante la situación de indiferencia aceptando aquellos valores auténticamente humanos que están presentes en la cultura contemporánea, pero rechazando todo aquello que suponga una mutilación de la persona en todas sus dimensiones, también la apertura a la trascendencia.
Y luego personalizar la propia fe, uniendo la experiencia religiosa con la instrucción que permita convicciones sólidas. No se puede vivir hoy con una “religiosidad de aldea”, quizá válida para tiempos ya pasados.
Finalmente cultivar la fe y llevarla a la vida porque, como ocurre con cualquier ser vivo que no se cuida, la fe que no se cuida y practica va muriendo lentamente hasta que extingue.

martes, 17 de febrero de 2009

VIDEOS APARICIONES Y FENOMENOS PARANORMALES.

POR FAVOR OBSERVAR ESTOS VIDEOS. HACER LOS COMENTARIOS DE CADA UNO EN LA CLASE. SERA ACTIVIDAD PARA REVISAR.
http://www.youtube.com/watch?v=354fP4nzAEU&hl=es Apariciones de la virgen
http://www.youtube.com/watch?v=-PHqCm0wNi4&hl=es FENOMENOS PARANORMALES

http://www.youtube.com/watch?v=1M5XPmpl1uU&hl=es VIDEO ESPIRITUS Y APARICIONES

viernes, 6 de febrero de 2009

GUIA DE ESTUDIO _ IDRISCA


Estimados estudiantes con la lectura que esta a continuación usted presentará un trabajo escrito personal, donde pondrá en práctica la técnica IDRISCA; TÉCNICA DE LECTURA: Una propuesta para leer "A puro pulso" en todos los espacios académicos.

La técnica lectora, para que Usted la aplique es así:

1er. Momento:
Lectura silenciosa indivi­dual.
2do. Momento:
Lectura de análisis indivi­dual; el estudiante debe escribir; así:
• Identificar palabras claves: estas se encuentran varias ve­ces en el párrafo o tiene rela­ción con el tema.
• Definir palabras claves: el estudiante da el significado a la palabra y luego la consulta en el diccionario
• Relacionar pala­bras claves: con las palabras y defini­ciones dadas el estudiante está en capacidad de escri­bir un texto.
• Ideograma: realiza un dibujo, mapa conceptual, u otra técnica, con la lec­tura.
• Síntesis: realiza el resumen del capí­tulo.
• Conclusiones: a que llega con la lectura.
• Aporte personal: qué le deja para su vida lo leído.

3er. Momento:
Lectura de socialización de los escritos. (Se escogerán los mejores trabajos)

4to. Momento:
Lectura evaluación. El docente evaluará el proceso que usted respeto y por eso debe ser muy claro en su exposición; este trabajo hará parte del primer logro para el bimestre.
Presentarlo en hoja carta con portada, en letra arial 12. El profesor indicara en la clase la fecha de entrega del trabajo.” Es individual”. “ si se detecta plagio se anulara “.

LECTURA: MITOS DEL HOMBRE MODERNO
Como hemos dicho, el hombre arreligioso en estado puro es un fenómeno más bien raro, incluso en la más desacraliza-da de las sociedades modernas. La mayoría de los hombres «sin-religión» se siguen comportando religiosamente, sin sa­berlo. No sólo se trata de la masa de «supersticiones» o de «tabús» del hombre moderno, que en su totalidad tienen una estructura o un origen mágico-religioso. Hay más: el hombre moderno que se siente y pretende ser arreligioso dispone aún de toda una mitología camuflada y de numerosos ritualismos degradados. Como hemos mencionado, los regocijos que acompañan al año nuevo o a la instalación en una nueva casa presentan, en forma laica, la estructura de un ritual de renova­ción. Se descubre el mismo fenómeno en el caso de las fiestas y alborozos que acompañan al matrimonio o al nacimiento de un niño, a la obtención de un nuevo empleo, de una promo­ción social, etc.
Se podría escribir todo un libro sobre los mitos del hombre moderno, sobre las mitologías camufladas en los espectáculos de que gusta, en los libros que lee. El cine, esa «fábrica de sueños», vuelve a tomar y utilizar innumerables motivos míti­cos: la lucha entre el héroe y el monstruo, los combates y las pruebas iniciáticas, las figuras y las imágenes ejemplares (la «joven», el «héroe», el paisaje paradisíaco, el «infierno», etc.). Incluso la lectura comporta una función mitológica: no sólo porque reemplaza el relato de mitos en las sociedades arcaicas y la literatura oral, todavía con vida en las comunidades rura­les de Europa, sino especialmente porque la lectura procura al hombre moderno una «salida del tiempo» comparable a la efectuada por los mitos. Bien se «mate» el tiempo con una no­vela policíaca, o bien se penetre en un universo temporal ex­traño, el representado por cualquier novela, la lectura proyec­ta al hombre moderno fuera de su duración personal y le inte­gra en otros ritmos, le hace vivir en otra «historia».
La gran mayoría de los «sin-religión» no se han liberado, propiamente hablando, de los comportamientos religiosos, de las teologías y mitologías. A veces les aturde una verdadera algarabía mágico-religiosa, pero degradada hasta la caricatu­ra, y por esta razón difícilmente reconocible. El proceso de desacralización de la existencia humana ha desembocado más de una vez en formas híbridas de magia ínfima y de religiosi­dad simiesca. No pensamos en las innumerables «pequeñas religiones» que pululan en todas las ciudades modernas, en las iglesias, en las sectas y en las escuelas pseudoocultistas, neoespiritualistas y sedicentes herméticas, pues todos estos fenóme­nos pertenecen aún a la esfera de la religiosidad, aunque se trate casi siempre de aspectos aberrantes de pseudomorfosis. Tampoco hacemos alusión a los diversos movimientos políti­cos y profetismos sociales, cuya estructura mitológica-y fana­tismo religioso son fácilmente discernibles. Bastará, para po­ner sólo un ejemplo, recordar la estructura mitológica del co­munismo y su sentido escatológico. Marx recoge y continúa uno de los grandes mitos escatológicos del mundo asianomediterráneo, a saber: el del papel redentor del justo (el «elegi­do», el «ungido», el «inocente», el «mensajero»; en nuestros días, el proletariado), cuyos sufrimientos son llamados a cam­biar el estatuto ontológico del mundo. En efecto, la sociedad sin clases de Marx y la desaparición subsiguiente de las tensio­nes históricas encuentran su más exacto precedente en el mito de la Edad de Oro que, según múltiples tradiciones, caracteri­za el comienzo y el fin de la historia. Marx ha enriquecido este mito venerable con toda una ideología mesiánica judeo-cristiana: por una parte, el papel profético y la función soteriológica que asigna al proletariado; por otra, la lucha final entre el bien y el mal, que puede parangonarse sin dificultad con el conflicto apocalíptico entre Cristo y el anticristo, seguida de la victoria decisiva del primero. Es incluso significativo que Marx vuelva a echar mano, por su cuenta y riesgo, de la espe­ranza escatológica judeo-cristiana de un fin absoluto de la his­toria; en esto se separa de los demás filósofos historicistas (por ejemplo Croce y Ortega y Gasset), para quienes las tensio­nes de la historia son consustanciales a la condición humana y nunca pueden ser abolidas por completo.
Pero no es sólo en las «pequeñas religiones» o en las místi­cas políticas donde se encuentran comportamientos religiosos camuflados o degenerados: se los reconoce incluso en los mo­vimientos que se proclaman francamente laicos, incluso anti­religiosos. Así, en el desnudismo o en los movimientos en pro de la libertad sexual absoluta, ideologías donde se pueden en­trever las huellas de la «nostalgia del paraíso», el deseo de reintegrarse al estado edénico anterior a la caída, cuando no existía el pecado y no se daba una ruptura entre la bienaventu­ranza carnal y la conciencia.
M. Eliade,
Lo sagrado y lo profano, 172-174.